Fin

27 08 2010

Fin

Foto: (cc) la.furia

Me escupiste todas las palabras más hirientes y crueles, como enterrándome mil hermosos puñales que dolían como los más oxidados. Salí sin abrir la boca, pues sabía que ya nada de lo que dijera tenía efecto en ti. Hacía tiempo que la vida nos había volcado a decirnos odiosidades y a olvidar lo que nos puso uno junto al otro. Busqué mis cigarros y sentí el frío metal del arma en el bolsillo, me había acostumbrado a su peso y había olvidado que la tenía. La acaricié en silencio y decidido volví a entrar. Luego escuché el tiro como a lo lejos y sonó repetidamente como un eco dentro de mi cabeza, más no sentí dolor. Desde el piso mis ojos seguían abiertos y te vi. Te vi encender los cigarros que no encontré como si fuesen un arma y te vi, a pesar de todo, te vi llamándolo a él.

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