Temprana Primavera

1 09 2009

Primavera

Foto: (cc) eleda 1

Hoy recibí en mi casa la visita de Primavera. Llegó mucho antes que en años anteriores lo que molestó naturalmente a su primo Invierno. Al verla llegar Invierno se ruborizó de indignación, aunque sus mejillas sólo alcanzaron un débil color lila pálido. Invierno había tenido problemas recientes con el hermano de Primavera, un obstinado Otoño que se negó a abandonar las comodidades que mi casa le entregaba. Fue tal su disgusto que no tardaron en trenzarse a golpes en el rellano del departamento. En esa ocasión ambos tuvieron que ser separados por mi y unos vecinos que llegaron rápidamente alertados por el ruidoso escándalo de mis visitas trimestrales. Para evitarme más problemas le concedí a Otoño una semana extra de gracia, después de todo su primo Verano también había atrasado su salida. Invierno no tuvo más remedio que regresar después. Otoño no era lo que yo llamaría un tipo alegre y juntarse ese día con Invierno, quien no era precisamente una persona fácil de llevar, fue ver arder innecesariamente la calma de mi edificio. Acompañé a Invierno al primer piso para tranquilizarlo y le prometí que este año tendríamos el más frío encuentro que las tapadas cañerías de la calefacción le pudieran entregar. Se alejó apesadumbrado hacia la calle y esperé un momento hasta que tomó un taxi. A pesar de mi sincera promesa, jamás pensé que Primavera tuviera la ocurrencia de aparecer antes de su fecha habitual.

En el último tiempo estas visitas no estaban cumpliendo con su acostumbrado calendario, pero nunca había pasado que uno de ellos se adelantara. Extrañado al verla en mi puerta, la hice pasar devolviéndole la misma sonrisa con la que ella me miraba bajo el dintel. Parecía un ángel mirándome desde afuera, sus ojos se veían más brillantes y parecían reflejar el sol que aun no entraba por las ventanas. Se acercó sin decir palabra y me abrazó fuerte, como creyendo que yo intentaría escapar. Luego me miró a los ojos y me dio un largo beso en la mejilla que me hizo sonrojar como niño tocado por su rosada belleza. La última vez que la vi el año pasado, su despedida había sido más bien fría y a penas había dicho adiós con un indiferente movimiento de su mano. Pero esta vez sentir su cálido cuerpo al abrazarme, sus delicados labios en mi mejilla y sentir por primera vez su esquivo cariño, hacía que su larga espera se volviera algo sin importancia. Todo lo que necesitaba estaba ahí mismo, en ese momento y en ese lugar. Ser amigo de una estación puede ser a veces ingrato, aunque siempre valía la pena. Ella tenía de esos ojos profundos pero a la vez llenos de un esplendor que podrías divisar desde kilómetros, como dos estrellas en un firmamento oscuro. Sin embargo, a pesar de tener esos cautivantes ojos, ellos nunca me dejaron entrar y me miraban siempre con abandono. A pesar de abrirle el corazón de mi hogar cada año, ella parecía no tener ningún afecto especial hacia mi, como si sólo anduviese a la deriva y aterrizara siempre por error en el piso de mi departamento. Una obligación anual que más que disfrutar parecía hacerlo obedeciendo la imposición de un extraño jefe. Me dolían sus indiferencias, mas nunca entendí por qué ellas no aminoraron un ápice el avance del aprecio que yo sentía hacia ella. Yo no buscaba su afecto, ni que fuese recíproco tampoco con el mio, para mi sólo su compañía trimestral era suficiente razón para darme felicidad. Por eso mismo, su afectuoso saludo de hoy me sorprendió gratamente, después de todo de mis únicos cuatro amigos estacionales, y a pesar de las alergias que me provocaba, ella era a quien más yo quería.

Ni siquiera mi amargado amigo era capaz de odiar de verdad a Primavera, bastaba mirarla un momento para derretir incluso la escarcha que Invierno tenía en sus venas. Primavera llevaba un vestido hecho de una delgada y vaporosa tela amarilla que no pude identificar y al pasar junto a mi pude ver a contraluz que dejaba traslucir su alta figura y delicado cuerpo. Su largo cabello rojo bailaba junto a cada uno de sus pasos y parecía que junto a su colorido vestido prendían un fuego imaginario en mi cabeza. Miré a Invierno que me comenzaba a observar con odio, pero sólo atiné a levantar mis hombros y simular mi felicidad con una forzada cara de extrañado.

—Eres igual a tu hermano, —dijo Invierno —ambos se comportan como niñas mimadas y creen que pueden hacer y deshacer a su antojo. Toman y dejan compromisos como se cambian de calzones. Son un par de irresponsables y malagradecidos.
—Vine para quedarme, así que hazte la idea. —respondió ella sin siquiera mirarlo y con toda la pedantería que cabía en sus labios —Y para tu información primo congelado, —aunque levantando la mirada hacia mi —nunca llevo ropa interior puesta.

No pude evitar sonrojarme nuevamente al recordar lo traslúcido de su vestido cuando pasó a mi lado. Cerré la puerta y concentré mi mirada en el pomo que aun sostenía con mi mano. Debía enfriar mi mente y principalmente el cuerpo. Me detuve un momento a meditar como resolver el drama que se avecinaba y finalmente giré para ver que los dos me miraban expectantes.

—Primavera, no tienes idea lo que me alegra tu visita. Eres una bellísima época del año y no quepo en gozo y felicidad cada vez que llegas. Sin embargo no puedo pedirle a Invierno que se retire pues él ha sido también paciente conmigo y los compromisos que asumo con mis amigos están siempre primero que mi propia felicidad.
—¡Jaaaaaaaaaa! —dijo Invierno apuntándola con el dedo para así jactarse de un inminente triunfo ante su prima.
—No te adelantes Invierno, que aun no termino.

Invierno se sentó pesadamente en uno de los sillones y evitó mirar a su prima. Ella permanecía inmutable ante el comentario de Invierno y mantenía su mirada fija en mi. Su sonrisa no había cambiado desde que la vi entrar, lo que evidentemente me perturbaba. Por un momento creí que sabría lo que yo diría, por lo que desvié la mirada al techo un momento como tratando de evitar que me leyese el pensamiento. Me sentí observado pero a la vez un poco tonto creyendo que ella tenía algún poder paranormal. Aunque si la vida me había enseñado algo, es que las mujeres siempre podían ver más allá de lo evidente. Bajé la mirada hacía ellos y proseguí.

—Tampoco pretendo aceptar otro violento encuentro entre ustedes. Es por eso que ya que tengo una habitación extra desocupada, les voy a pedir a ambos que se comporten como la familia que son y convivan mientras se acabe el período oficial de Invierno. Ambos gozarán de manera extraordinaria de los mismos privilegios en mi casa. Luego de este lapso de tiempo, Primavera seguirá hasta que llegue Verano a fines de año.

Ambos se cruzaron miradas y luego me vieron a mi. Yo estaba de brazos cruzados y los miraba simulando una postura firme e intransigente. Por dentro tenía el estómago revuelto, mis piernas eran dos tallarines cocidos y sentía las manos húmedas como trapo de cocina. No quería que ella se fuese, pero no podía defraudar nuevamente a Invierno. Ambos eran mis amigos y, al igual con Verano y Otoño, siempre les daba el mismo trato de manera de no hacer diferencias. Y con eso siempre fui y seré sincero.

—Mira, yo sé que estamos en tu casa, pero esto de dos estaciones conviviendo no ha sucedido nunca. Esto se sale de toda norma y no estoy dispuesto, bajo ninguna circunstancia, a aceptar que una vez más se pasen a llevar mis derechos. —dijo Invierno un poco ofuscado.
—La puerta es ancha— le dijo su prima con algo de arrogancia.
—Primavera, no estás ayudándome. —dije para calmar los ánimos —La amistad que tenemos no es una competencia, si ustedes vienen a verme es porque necesitan visitarme tanto como yo necesito verlos cada año. No basta con que nos consideremos amigos como un hecho tácito, la amistad es algo que se cultiva a diario. La amistad requiere dedicarle tiempo, es preocupación y compromiso frente a sus necesidades por sobre las propias. Es siempre un sacrificio, pero este es un esfuerzo que se hace por gusto. Cada uno de ustedes ha entrado a mi vida dejando una marca que es imposible de borrar simplemente ignorándolos. Ustedes tocan mi corazón incluso cuando sé que están al otro lado del planeta visitando a quién sabe quien. Cuando los conocí generamos un vínculo invisible y son mi más grande patrimonio. Nunca he tratado que sean amigos entre ustedes, porque las amistades no se fuerzan sino que surgen naturalmente como árboles en un bosque nativo. No tengo idea si la convivencia estacional no ha ocurrido antes, pero si ustedes no están dispuestos a sacrificarse por convivir, entonces prefiero que ninguno se quede y eso mis disimiles amigos, estoy seguro que nunca ha acontecido. Porque para mi un verdadero amigo es aquel que se queda cuando todos los demás ya se han ido, dejando siempre sus propios intereses de lado.

Me sorprendí de mi mismo al terminar mi discurso. Me había salido del alma y aparentemente también había descolocado a mis visitas. Primavera seguía luciendo su amplia sonrisa, aparentando que su idea de amor incondicional prepagado que creía asegurado en mi casa permanecía intacta. Pero sus ojos decían otra cosa, su brillo se había apagado y ahora sólo era un tímido resplandor que apenas era distinguible. La felicidad crónica con la que siempre se enorgullecía estaba perdida en una nube de incertidumbres y eso se notaba aunque se empeñara en ocultar su desconcierto obstinadamente tras esa sonrisa. Invierno trató de decirme algo pero se contuvo para luego mirar el piso buscando algo que decir pero no sabía qué. Él siempre fue el depresivo de su familia y claramente este no había sido su mejor año. La idea de retirarse antes de tiempo hería su orgullo y eso era lo único de lo que él siempre estaba seguro. No siempre se puede ser feliz, ni tampoco podemos estar siempre mirando el piso esperando que la vida nos solucione. Estar a ambos lados del estero es también sentirse vivo y sólo valoramos la felicidad cuando sabemos como se siente el no tenerla.

Fui yo mismo el que se tragó su orgullo con aceite de canola y nuevamente comencé a hablar. Tomé una gran bocanada de aire para ocultar mi nerviosismo y los miré a ambos a la cara dando al mismo tiempo un golpe con mis palmas.

—¿Quién quiere tomar desayuno? —dije para romper el hielo.
—Yo prepararé el café —me respondió Primavera casi de inmediato.

Ambos miramos a Invierno que aun no levantaba la cabeza del suelo.

—Yo pongo la torta helada —dijo finalmente más calmado.

Se pusieron de pie y los vi dirigirse a la cocina. Pronto comenzó a sentirse en el ambiente un atractivo aroma a café y un suave perfume dulce de torta fresca rodeó cada rincón de mi casa. Definitivamente creo que este Invierno será la mejor Primavera que tenga jamás.

© JGL

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5 responses

3 09 2009
lukeoleia

cri cri…. 😦

3 09 2009
paula

jajaj… ya leido por segunda vez mmhh me desconcierta un poco la caracterizacion que le das a primavera, a pesar de todo parece ser muy parecida a su primo, dentro de todo fria e indiferente, hasta un poco engreida y creo que sabe lo que tiene y lo utiliza para cautivar y poder quedarse jiji eso la ayuda pues al otro pobre que tuvo que irse y volver… le llego otro problema antes de su salida y tuvo que aceptarlo sin mas ni mas, a pesar de lo que pones me parece que fue el quien tuvo que tragarse su orgullo… solo porque te sentias entusiamado por la visita…
creo que la primera vez no lo entendi bien…. y esta no se que tanto jaja pues me enredan los juicios que haces respecto a la amistad y la situacion que trato de imaginar :S
a pesar de todo “invierno” no me parece para nada orgulloso y bastante mas generoso al aceptar la situacion…
me explico jaja que enredo jaja asi estoy jajaj

3 09 2009
lukeoleia

Creo que entendiste 1/4 del relato… El protagonista (no yo) se traga su orgullo porque él está dispuesto a sacrificar ambas amistades en favor del bien común, esto a pesar que quisiera que Primavera se quedara sobre Invierno. Y ese es justamente el “juicio” (aunque yo sólo lo llamo creencia) sobre lo que para él es la amistad. Todos los personajes que aparecen son orgullosos y egoístas, pero es a raíz del sacrificio que está dispuesto a hacer el protagonista que todos terminan olvidándose de sus propios intereses y terminan conviviendo felices comiendo perdices.

3 09 2009
paula

si lo mas probable es que entendi 1/4, pero claramente el protagonista no eta dispuesto a sacrificar ambas amistades, porque no fue tajante como al principio y hecho a primavera ??? el kiere quedarse con ella y trata de adecuar la situaciona su bien. Es mas el protagonista no hace ningun sacrificio, el sigue en su casa, feliz acompañado de primavera jajajaja

3 09 2009
lukeoleia

No es necesario que él se sacrifique…. basta con que ofreciera el sacrificio de quedarse solo. Esó les bastó para que cambiaran de opinión para quedarse. En fin… da lo mismo. Él tiene sus propios intereses y prefiere dejarlos de lado, aunque al final no fue necesario llegar a ese punto.

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