Las Reglas

27 05 2009

Las Reglas

Foto: (cc) Kasaa

La música no paraba de sonar. Apenas eran las 4 de la mañana y la mayoría estaba en la pista de baile siguiendo el pegajoso ritmo del momento. Sentía retumbar esos tambores en mi estómago y el humo del cigarro acumulado me tenía con los ojos irritados, pero la felicidad del momento era tan grande que casi no me preocupaba. Sabía que dentro de unas horas todo acabaría y la tranquilidad volvería como polluelo a su nido. Miré de lejos a quien se había transformado esa noche en mi esposa y no pude dejar de sonreír al verla corretear con sus amigas. Se notaba que la dicha no le cabía en ese vestido blanco y me excité pensando en que pronto tendría el placer de sacárselo.

Cuando me iba a poner de pie para integrarme al frenesí musical, alguien me tomó del brazo y me obligó a sentarme. Era mi padre. Se notaba en sus parpados caídos que ese vaso de whisky que abrazaba con los dedos no era el primero ni el segundo que probaba. En el matrimonio de mi hermana ya lo había visto medio borracho gritando «¡¡Felicidad para todos!!» a quien quisiera tomarlo en cuenta. Afortunadamente para mi hermana pronto se quedó dormido en uno de los sillones y no tuvieron que preocuparse más que para arrastrarlo al auto. Esta noche en cambio, mi papá había permanecido más cauto y lo vi pararse sólo un par de veces de su mesa para ir al baño. Eso me tenía tranquilo, pero mi tranquilidad sólo duró hasta que me sorprendió con su mano en mi brazo y me obligó a sentarme a su lado.

—¿Todo bien? —me preguntó. Pude sentir su nada despreciable hálito alcohólico, lo que me hizo tratar de mantener la distancia. Él se percató y aun así atinó a abrazarme.
—Si papá. Todo bien.
—Que bueno —hizo una pausa y prosiguió —¿Sabes hijo? Existe siempre en la vida de un hombre un momento de inflexión en que se da cuenta de sus propias debilidades e irremediablemente termina cediendo a lo que cree que es correcto, aunque no necesariamente lo sea. ¿Me entiendes?
—No papá, no se de qué diablos me hablas.
—A ver hijo ¿has engañado ya a la Camilita?
—Pero papá ¿qué tienes en la cabeza? —le dije algo ofuscado —me acabo de casar con ella.
—Tu abuelo creía, al igual que tú, en que ese punto de inflexión nunca llegaría. Pero te aseguro que llegó y te aseguro también que algún día también llegará para tí. Está en tus genes y es algo que no puedes controlar.
—Papá, creo que este no es el momento ni el lugar para que me trates de convencer que estoy predestinado a engañar a mi esposa por culpa de una alteración genética.
—Te equivocas. Este es el mejor momento y el mejor lugar. Yo hace 35 años estaba en tu misma silla y agradezco hasta el día de hoy que mi papá se me haya acercado esa noche para heredar su libro de “Las Reglas”.

Al mismo tiempo que lo decía sacó del bolsillo interior de su chaqueta lo que me pareció era una libreta roñosa. La deslizó por la mesa hasta dejarla frente a mi. Era efectivamente un pequeño cuaderno viejo que cabría en el bolsillo de una camisa, tenía cubierta de cuero negro, los bordes muy desgastados y un elástico que parecía sostener las hojas en su lugar. Miré a mi padre y me dijo «ábrelo» pero sin emitir sonido, palabra que sin embargo pude entender perfectamente viendo sus labios. Hojeé las páginas rápidamente y noté que estaban escritas todas a mano, pero con distintos tipos de letra. Reconocí la letra de mi papá y la de mi abuelo, pero había otras que no pude identificar. Tenía algunas anotaciones en los costados, frases tachadas y vueltas a escribir. Era lógico pensar que este cuadernillo llevaba mucho tiempo viajando de mano en mano.

—Hijo lo que tienes en tus manos es el libro de “Las Reglas”. — puso una cara tan seria como el alcohol le permitía —Nadie sabe quien lo empezó, pero en un momento llegó a las manos de tu bisabuelo y él lo pasó a su hijo hasta llegar hoy a tus manos. Todos hemos hecho anotaciones e incorporado nuestras propias reglas y quiero que hoy seas el nuevo afortunado en guardarlo. Estas reglas te van a entregar la tranquilidad y seguridad para no sufrir las consecuencias que tienen los tontitos calientes que engañan a sus esposas sin pensar. Quiero que antes que te pares, leas el contenido del libro, luego lo guardes en tu bolsillo y más tarde cuando llegues a tu casa lo escondas para entregárselo a tu hijo en su propio matricidio.

Mi padre me miraba fijamente y no tenía intención de soltarme el hombro hasta que leyera su maldito cuaderno. No tuve más remedio que el de empezar por el principio. La letra de la primera regla estaba escrita con una caligrafía suave pero firme y por lo que pude notar en un vistazo rápido, las anotaciones laterales que la acompañaban eran lo que calificaría como actualizaciones a los nuevos tiempos. Miré a mi padre y luego me traté de concentrar en el texto.

Libro de Las Reglas:

La discreción es la madre de todas las reglas.

Siempre cree que alguien te puede pillar, así estarás precavido ante cualquier descuido.

No contarle a nadie, ni siquiera a un amigo, ni si quiera a tu madre, a nadie. El error más común es presumir frente a los amigos del sexo extramarital. Por lo mismo, jamás, aunque la culpa te carcoma el alma, le confesarás a tu cónyuge tu infidelidad. Aunque creas que es la esposa más comprensiva y liberal del mundo, inclusive si ella te confesara su propia infidelidad, la tuya nace y muere contigo.

No dejar ningún registro escrito que delate la aventura, esto incluye cartas, emails, mensajes de texto. Aclarar esto con la pareja casual y si ella los envía deben ser eliminados inmediatamente después de leerlos.

Por muy excitante que pueda parecer no deben realizarse grabaciones de vídeo o fotos del acto sexual.

No manifestar la más mínima expresión de afecto sentimental o sexual a la amante en un lugar público. Sobretodo si se trata de una compañera de trabajo. Éstos deben limitarse estríctamente sólo a la habitación donde se reúnan.

No mentirle a la amante. Aunque puede parecer un camino fácil se debe aclarar desde un comienzo que la única intención y propósito de estos encuentros es pasarlo bien y disfrutar del sexo.

Para evitar chantajes la pareja que se escoja debe estar en la misma situación civil que uno, es decir solteros con solteras, novios con novias, esposos con esposas y viudos con viudas. Si una de estas variables cambian, la relación debe darse por terminada.

Nunca con mujeres cercanas al cónyuge, como tu cuñada o la mejor amiga de tu mujer. También entran en esta categoría las esposas de tus amigos, sobretodo si son amigos en común.

Mantener siempre la misma frecuencia sexual con tu esposa.

A menos que existan pruebas irrefutables del engaño siempre debes negarlo a muerte.

No guardar souvenirs de ningún tipo, como ropa interior u otra prenda.

Pagar siempre en efectivo cualquier gasto asociado a la aventura.

En lo posible ir y salir separados del lugar de encuentro y éste debe encontrarse alejado de las zonas de la ciudad que suelen recorrer normalmente como el hogar, el trabajo o colegio de los hijos. Esto también incluye lugares muy concurridos donde la posibilidad de ser visto por un conocido aumentan.

El uso del condón es obligatorio bajo todo tipo de circunstancias. La compra de profilácticos debe ser de exclusivo uso de un sólo encuentro. Si sobran condones en la caja, éstos se deben eliminar.

Nunca subestimes la inteligencia de una mujer.

Quedé perplejo después de leer semejante aberración y falta de compromiso a los votos sagrados del matrimonio. Miré a mi padre con asco, pero él ya estaba contento con que este cuadernillo estuviera en mi poder. Lo guardé en mi bolsillo para que finalmente se retirara con sus ideas y aliento a dentadura destilada. Me dió dos golpes en la espalda, me cerró un ojo y se marchó con su vaso vacío en dirección a la barra. Me puse de pie pensando en donde iba a botar o quemar la libreta cuando mi madre se me puso por delante, me tomó de un brazo y me sentó nuevamente en la silla. Me miró con rostro inquisidor y comenzó su propio discurso.

—¿Tu papá te pasó su mugriento libro de las reglas? —no alcancé a responderle cuando ella continuó —no me digas nada que yo lo vi. No puedo creer que haya escogido este momento para entregártelo.
—Pero… ¿cómo? —me quedé paralizado, como si hubiese sido a mi a quien acaban de descubrir en un engaño. — ¿desde cuando que sabes de este libro? —me sorprendí de mi mismo al referirme al que antes llamé cuadernillo como libro.
—Tu papá siempre ha creído que soy una tonta, pero ya hace muchos años que sé de su librito famoso. Lo encontré un día haciendo el aseo de la casa cuando tu no pasabas de los 15 años.
—¿Y no le dijiste nada?
—La verdad es que el hecho que tu papá me engañase era algo que sabía de mucho antes. El descubrimiento del libro sólo hizo que me diera cuenta de lo elaborado de su adulterio. Y no, nunca le dije nada ni lo haré tampoco. Hice algo mucho mejor. Algo que te servirá incluso a ti.
—¿Qué fue lo que hiciste? —pregunté imaginando el tipo de venganza que mi madre habría realizado.
—Algo más simple y efectivo que engañarlo de vuelta. Escribí en su libro la última regla. —recordé por un momento esa última regla y no pude evitar una sonrisa. —Mira hijo, yo no te voy a dar un sermón sobre la fidelidad y el amor. Eres un hombre grande y esa decisión la tomarás en su momento bajo las circunstancias que estés viviendo junto a tu esposa. Si la vida te da la oportunidad de serle infiel a la Camilita y optas por ese camino, te recomiendo con el dolor de mi corazón de que sigas los consejos de tu viejo padre. —no podía dar crédito a mi madre, no podía creer que en el día de mi matrimonio mis propios padres me dieran consejos sobre la ruptura de la confianza matrimonial.
—Pero mamá, yo jamás…
—Hijo —me interrumpió. —Entiendo perfectamente que tengas esa visión, especialmente hoy. Pero tienes que entender que el hecho de poseer o no este libro y los conocimientos que ahí se entregan, no es ni será nunca la razón por la cual engañes eventualmente a tu esposa. Ese libro no te entrega motivos por lo cual debas cometer adulterio, sino que es una guía para que si decides cometerlo, por tus propias razones, lo hagas sin dañar aún más a tu esposa. Porque esa preocupación es también una prueba de que la sigues amando tanto y más que hoy.

Mi mamá me dio un fuerte beso en la mejilla, se puso de pie y fue a la barra junto con mi papá. Le quitó el trago que empezaba a beber y de una mano se lo llevó a la pista de baile. Fue ahí cuando me di cuenta que la última regla era la más importante de todas. La inteligencia de una mujer es algo que jamás se debe tomar a la ligera. Palpé mi pecho para estar seguro que el libro seguía en su lugar, me puse también de pié y me dirigí al centro de la pista. Ya empezaba a armarse un trencito y yo debía ser la locomotora.

© JGL

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3 responses

27 05 2009
paula

osea , esta historia la tienes super bien contada… jaja me la imagine :S

que espanto la situación , en el momento menos adecuado… aunque debo reconocer que eso de las reglas aunque bastante sensato me produjo un poco de risa…. al ver tanta preparacion para una infidelidad jajaj y claro tambien considero que la regla final es la mas exacta de todas…sera porque soy mujer 😀

ahhhhhh como olvidarlo, que es eso de los genes… jajaja realmente crees eso se hereda :S se lleva en la sangre… que mal osea a parte de las miles de tentaciones pelear con uno mismo jajaja

en fin… me gusto mucho jajaja

pd: espero realmente no tengas ese libro , y sea solo parte de “tuuu imaginaciónnnnn” ¬¬

28 05 2009
Adultero

Muy animado tu relato, pero manifiestamente no tienes idea de adulterio (aun así mueres de ganas), te paseas por lo básico y omites la regla fundamental…

Sigue creando y contando sutiles “invenciones”.

Un abrazo

28 05 2009
lukeoleia

soy un joven inocente con mucha imaginación. Gracias por comentar.

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